Licheni e funghi: quali differenze?

Licheni e funghi: quali differenze?

Cuando se habla de líquenes y hongos, el equívoco está a la vuelta de la esquina, incluso para los entusiastas más experimentados. Los hongos constituyen un reino biológico autónomo (Reino Fungi), mientras que los líquenes no son un grupo taxonómico unitario sino una extraordinaria alianza evolutiva: una simbiosis mutualista obligada entre un hongo (el micobionte, generalmente un ascomiceto) y uno o más socios fotosintéticos (el fotobionte, representado por algas verdes o cianobacterias).

 

El hongo proporciona un entorno protegido, absorbe agua y sales minerales, y el alga o la cianobacteria producen azúcares mediante fotosíntesis. Esta unión genera un organismo completamente nuevo, con propiedades morfológicas y fisiológicas únicas, ausentes en los componentes tomados individualmente: el liquen.

 

Para desentrañar esta madeja, exploraremos cada aspecto: desde la estructura del talo hasta las funciones ecológicas, desde las investigaciones más recientes hasta las curiosidades históricas, porque comprender los líquenes es fundamental para quien quiera realmente entender el ecosistema forestal en toda su complejidad.

 

Líquenes: ¿qué son exactamente?

¿Qué son exactamente los líquenes? No son plantas, no son musgos, ni siquiera son hongos en sentido estricto. Son organismos compuestos, o mejor dicho "organismos simbióticos", resultado de la integración entre un hongo (el micobionte) y un organismo capaz de realizar la fotosíntesis (el fotobionte, un alga verde o una cianobacteria).

 

En esta relación, el hongo ha perdido, para la mayoría de las especies, la capacidad de vivir de forma autónoma en la naturaleza, volviéndose metabólicamente dependiente de los carbohidratos proporcionados por su socio fotosintético. El cuerpo vegetativo que resulta se denomina talo, y su forma es el primer gran carácter distintivo para quien se acerca al estudio de estos organismos.

 

El micobionte

El micobionte es casi siempre un hongo perteneciente al filo Ascomycota (solo un pequeño porcentaje, como el género Dictyonema, está representado por Basidiomycota). Su función es estructural: sus hifas (filamentos fúngicos) se organizan en capas especializadas para proteger al fotobionte, regular los intercambios gaseosos y absorber nutrientes de la atmósfera y del sustrato.

 

A diferencia de los hongos no liquenizados, el micobionte tiene un metabolismo más lento y carece de las enzimas necesarias para degradar eficientemente la celulosa o la lignina; su supervivencia está indisolublemente ligada a los fotosintatos del alga.

 

Esto cambia radicalmente el significado ecológico de los líquenes: mientras que los hongos "libres" son los grandes descomponedores, los líquenes se convierten en organismos pioneros, autosuficientes en cuanto a la necesidad de carbono. Una investigación sobre líquenes evidencia cómo las hifas del micobionte forman estructuras complejas (como la capa cortical superior) para crear un microclima estable y proteger al alga del exceso de luz y de la deshidratación.

 

El fotobionte

El fotobionte es el verdadero motor metabólico del liquen: generalmente es un alga verde, la más común del género Trebouxia, presente en más de la mitad de las especies liquénicas. Cuando el socio es una cianobacteria (por ejemplo Nostoc), además de la fotosíntesis, es capaz de fijar el nitrógeno atmosférico, transformándolo en compuestos amoniacales utilizables por todo el consorcio y, indirectamente, por el ecosistema circundante.

 

Esta es una diferencia crucial con los hongos: ningún hongo "puro" es capaz de fijar nitrógeno. Los líquenes con cianobacterias se vuelven así fundamentales para la fertilización natural de suelos pobres, rocas y cortezas.

 

El metabolismo combinado produce los llamados ácidos liquénicos (como el ácido úsnico), metabolitos secundarios únicos, ausentes en los hongos no liquenizados, que cumplen funciones de protección contra la luz, antibacterianas y de alteración química de las rocas (un proceso clave para la pedogénesis, es decir, la formación del suelo).

 

Diferencias entre líquenes y hongos

Para un micólogo, la distinción en el campo suele ser neta: los hongos (Macromicetos) producen cuerpos fructíferos efímeros, que aparecen en determinadas estaciones para la reproducción, mientras que los líquenes, por el contrario, presentan un talo perenne, visible y activo todo el año, que crece a ritmos extremadamente lentos (desde fracciones de milímetro hasta algunos milímetros al año).

 

Desde el punto de vista nutricional, los hongos son heterótrofos obligados y necesitan materia orgánica ya preparada (viva o muerta), mientras que los líquenes son autótrofos para el carbono gracias al fotobionte, pero heterótrofos para el nitrógeno y los minerales, que absorben de la atmósfera y del sustrato. Sin embargo, comparten con los hongos la arquitectura hifal y, en el micobionte, las estructuras reproductivas (ascos o basidios). La siguiente tabla detalla qué diferencia hay entre líquenes fruticulosos, foliosos y crustáceos y los compara con los hongos.

 

Tabla 1: comparación morfo-funcional detallada entre hongos y líquenes
CarácterHongos (no liquenizados)Líquenes (hongos liquenizados)
NutriciónHeterótrofos por absorción. Roles: descomponedores (saprófitos), parásitos, simbiontes micorrícicos. Dependen de fuentes externas de carbono orgánico.Autótrofos para el carbono (gracias a la fotosíntesis del fotobionte). Heterótrofos para agua y sales minerales. El hongo es un parásito "controlado" o mutualista obligado.
Estructura vegetativaMicelio hifal, a menudo oculto en el sustrato (suelo, madera, tejidos). Cuerpos fructíferos temporales (sombrero, pie, himenóforo) emitidos solo para la reproducción.Talo organizado y perenne, visible todo el año. Morfologías distintas: crustáceo (adherente como una pintura), folioso (con lóbulos aplanados), fruticuloso (arbustivo o péndulo).
ReproducciónPrincipalmente mediante esporas sexuales producidas en estructuras especializadas (basidios, ascos). También reproducción asexual por conidios o fragmentación del micelio.Doble estrategia: 1) Sexual: el micobionte produce esporas fúngicas en apotecios o peritecios. 2) Vegetativa: propágulos (isidios, soralias, cefalodios) que contienen ambos simbiontes, garantizando la continuidad de la simbiosis.
Metabolitos secundariosProducen una amplia gama de compuestos: micotoxinas (para defensa), antibióticos (ej. penicilina), compuestos volátiles responsables de los olores.Producen ácidos liquénicos únicos (ej. ácido úsnico, atranorina, ácido lecanórico). Estos tienen función quelante (alteran las rocas), antibacteriana, antiviral, antifúngica y de protección contra los rayos UV.
Hábitats típicosSuelos ricos en materia orgánica, hojarasca en descomposición, madera muerta, excrementos, simbiosis con raíces de plantas. Prefieren ambientes húmedos y sombríos.Colonizan sustratos extremos y pobres: rocas desnudas, cortezas de árboles, suelos desnudos, superficies artificiales. Dominan en ambientes prohibitivos como desiertos, tundra, alta montaña y regiones polares.
Crecimiento y longevidadExtremadamente variable: el micelio puede vivir mucho tiempo, pero los cuerpos fructíferos son efímeros (de horas a pocas semanas). Crecimiento rápido.Crecimiento muy lento, de 0,1 mm a 5 mm al año. El talo es perenne y puede vivir décadas o siglos en ambientes estables.
Relación con el aguaNecesitan agua líquida en el sustrato para activar el metabolismo y el crecimiento. Son organismos homeohídricos (deben mantener un equilibrio hídrico interno).Son poiquilohídricos: se deshidratan completamente en períodos secos entrando en un estado de quiescencia, y se reactivan en pocos minutos con la sola humedad atmosférica (lluvia, niebla, rocío).

Este análisis comparativo aclara definitivamente qué tipo de organismos son los líquenes. Aunque el micobionte sea un hongo en todos los sentidos, el liquen como "superorganismo" posee propiedades emergentes que lo convierten en una entidad biológica única, con un papel ecológico completamente diferente al de los hongos no liquenizados. 

 

El papel ecológico de los líquenes

Los líquenes son considerados organismos pioneros por excelencia: son de los primeros en colonizar superficies vírgenes como rocas recién expuestas, coladas de lava o cortezas de árboles. Con sus ácidos liquénicos corroen la roca y sus hifas atrapan polvos y detritos, iniciando los procesos de pedogénesis (formación del suelo). Los hongos, por el contrario, intervienen generalmente en fases posteriores, colonizando sustratos ya orgánicos o formando simbiosis micorrícicas con plantas ya establecidas. Ambos son, sin embargo, centinelas de la salud ambiental.

 

Los líquenes, en particular, son bioindicadores por excelencia de la calidad del aire, siendo extremadamente sensibles a contaminantes como el dióxido de azufre (SO2), los compuestos nitrogenados (NOx) y los metales pesados, que acumulan pasivamente dado que absorben todo directamente de la atmósfera. Crean microhábitats húmedos para invertebrados, retienen agua, y en vastas áreas boreales (líquenes de renos) representan el principal recurso alimenticio invernal para renos y caribúes.

 

Los hongos, en cambio, limpian el suelo de metales pesados y plásticos, conectan las plantas en redes micorrícicas y descomponen la materia orgánica. En el ciclo global del carbono contribuyen con aproximadamente 0,5 Pg (petagramos) de carbono al año a la productividad primaria terrestre, un valor nada despreciable, comparable al de biomas enteros.

 

Sensibilidad ambiental: ¿a qué son sensibles los líquenes?

La extraordinaria sensibilidad de los líquenes deriva de su propia naturaleza: carentes de estructuras selectivas como las raíces, absorben agua y nutrientes (y con ellos los contaminantes) directamente de la atmósfera sobre toda la superficie del talo. Esto los convierte en acumuladores pasivos y, en consecuencia, excelentes indicadores de la calidad del aire. La desaparición de los líquenes epífitos (los que crecen sobre las cortezas) de los centros urbanos e industriales es una señal inequívoca de contaminación crónica. 

 

Los hongos, en particular los terrícolas, son más sensibles a otros factores como la compactación del suelo, la eutrofización (exceso de nitrógeno) y la gestión forestal. Integrar el monitoreo de ambos grupos proporciona un cuadro completo de la salud de un ecosistema.  

 

Líquenes, musgos y hongos: una comparación 

A menudo se habla indistintamente de musgos y líquenes porque comparten los mismos hábitats húmedos y pobres. Pero su naturaleza es profundamente diferente. Los musgos son briofitas, por lo tanto verdaderas plantas (reino Plantae), con tejidos simples y un ciclo vital que alterna generaciones; los líquenes son simbiosis hongo-alga. Los musgos, aunque toleran la deshidratación mejor que las plantas vasculares, son más exigentes en términos de humedad constante respecto a los líquenes. Los hongos (sobre todo los Basidiomicetos), finalmente, prefieren la sombra y la humedad del suelo, evitando la exposición directa y la sequía. Se puede delinear una escala de resiliencia a la sequía en la que primero figuran los líquenes, luego los musgos y finalmente los hongos, donde los líquenes son los campeones indiscutibles de la supervivencia en condiciones extremas.

 

Líquenes fruticulosos, crustáceos y foliosos

Para identificar un liquen, la primera pregunta que hay que hacerse es: ¿qué tipos de líquenes existen? La morfología del talo es el carácter diagnóstico de primer nivel. Esta diversidad de formas es una fascinante convergencia adaptativa a diferentes condiciones de luz, humedad y sustrato, comparable en variedad a la morfología de los hongos.

 

  • Líquenes fruticulosos: tienen un aspecto tridimensional, arbustivo, arbustivo o péndulo. Están anclados al sustrato en un solo punto y se ramifican en todas las direcciones. Ejemplos clásicos son el género Usnea (la "barba de bosque", que cuelga de las ramas) y los famosos líquenes de renos (Cladonia rangiferina), que tapizan los suelos de las tundras árticas y boreales.

 

  • Líquenes foliosos: el talo está aplanado, con una estructura similar a hojas, provisto de lóbulos y a menudo diferenciado en una superficie superior y una inferior. Están adherentes al sustrato pero de forma laxa, gracias a estructuras llamadas rizinas, y pueden ser levantados parcialmente. Ejemplos: Parmelia sulcata (común sobre cortezas) y Lobaria pulmonaria (antiguamente usado como remedio para los pulmones).

 

  • Líquenes crustáceos: representan la forma más primitiva y adherente. El talo forma una costra íntimamente fusionada con el sustrato (roca, corteza), tanto que no puede ser desprendido sin destruir el soporte. A menudo están coloreados y forman manchas. Un ejemplo es el liquen geográfico (Rhizocarpon geographicum), que con sus areolas amarillo-verdes delimitadas por líneas negras recuerda un mapa.

 

 La siguiente tabla sistematiza estas diferencias y las pone en relación con el mundo fúngico.

Tabla 2: líquenes y sus analogías con los hongos
Tipo de liquenEjemplo Sustrato Analogía con los hongosTasa de crecimiento (mm/año)
Líquenes crustáceosRhizocarpon geographicum (Liquen geográfico), Lecanora sp.Rocas silíceas y calcáreas, cortezas lisas.Pueden recordar los mohos crustáceos o las incrustaciones de algunos hongos cortícolas, pero son perennes y no efímeros.0,1 - 0,5 (entre los más lentos).
Líquenes foliososParmelia sulcata, Xanthoria parietina (liquen amarillo de los muros).Cortezas de árboles, ramas, rocas, muros.El aspecto lobulado y aplanado puede recordar la morfología de algunos poliporos o de hongos en repisa, pero no es un cuerpo fructífero, sino el talo vegetativo perenne.1 - 3
Líquenes fruticulososUsnea barbata (Barba de bosque), Cladonia rangiferina (Líquenes de renos), Alectoria sp.Ramas y troncos de árboles (especies péndulas), suelo desnudo (especies erguidas).El aspecto ramificado y coralino es similar al de algunos hongos coralinos (ej. Clavaria o Ramaria), pero la consistencia y la biología son completamente diferentes.1 - 5 (los más rápidos entre los líquenes).

Los líquenes de renos (Cladonia rangiferina) no son solo un nombre sugestivo: constituyen hasta el 90% de la dieta invernal de los renos en Laponia y en otras regiones árticas, un papel que ningún hongo desempeña de forma tan exclusiva para un gran mamífero.

 

Reproducción y ciclo vital

Los hongos se reproducen principalmente mediante esporas, producidas en estructuras especializadas (himenóforos como láminas, poros, aguijones). Los líquenes adoptan una estrategia más compleja y dual: el micobionte (el hongo) puede reproducirse sexualmente, produciendo esporas fúngicas en estructuras llamadas apotecios (en forma de copita) o peritecios (en forma de frasco). Sin embargo, una espora fúngica que germina por sí sola no reconstituirá un liquen: debe necesariamente encontrar y capturar una célula compatible del fotobionte (alga o cianobacteria) para recrear la simbiosis desde cero, un evento bastante raro y aleatorio.

 

Para subsanar este problema, los líquenes han evolucionado ingeniosas estructuras de reproducción vegetativa: las isidias (pequeñas protuberancias coraloides en la superficie del talo, que contienen ambos simbiontes y están recubiertas por la corteza) y las soralias (áreas en las que la corteza se rompe liberando finos gránulos pulverulentos, los soredios, también compuestos por hifas fúngicas y células algales). Estos propágulos garantizan la propagación eficiente y fiel de todo el consorcio simbiótico. Combinan la precisión del estado reproductivo con la eficiencia del vegetativo. 

 

Datos sobre la biodiversidad liquénica en Italia

Según la investigación más reciente sobre líquenes de Italia (Nimis & Martellos, 2023), nuestro país cuenta con aproximadamente 2.700 especies de líquenes. Para dar un término de comparación, los hongos superiores (Macromicetos, en su mayoría Basidiomicetos) censados en Italia superan las 5.000 especies. Pero el vínculo no termina aquí: existen los hongos liquenícolas, un grupo heterogéneo de hongos (a menudo Ascomicetos) que viven exclusivamente sobre líquenes, parasitándolos.

 

Se cuentan cientos de estas especies, que representan un puente ecológico fascinante: hongos que atacan líquenes, demostrando que estos últimos pueden convertirse a su vez en sustrato para otros hongos. En este sentido, los líquenes desempeñan un papel análogo al de las plantas para los hongos parásitos, proporcionando un sustrato estable, rico en nutrientes y poco competitivo, un nicho ecológico único.

 

Líquenes y hongos: usos

Desde hace milenios el hombre interactúa con hongos y líquenes. Los hongos tienen un papel preeminente en la alimentación (Porcini, Trufas, Champiñón, levaduras para pan y cerveza) y en medicina (desde la penicilina hasta los modernos hongos medicinales como el Reishi y el Shiitake). Los líquenes tienen un papel menos llamativo pero históricamente significativo: especies como Umbilicaria esculenta son un alimento apreciado en Japón, mientras que los líquenes de renos, aunque no son consumidos directamente por el hombre salvo en casos de hambruna, han sostenido culturas enteras de pastores sami a través de sus rebaños.

 

En Europa, la Lobaria pulmonaria se usaba en la "doctrina de las signaturas" para curar enfermedades pulmonares, dada su semejanza con el tejido pulmonar. Los hongos medicinales cuentan con una tradición milenaria en Oriente. Hoy, la investigación científica está redescubriendo los ácidos liquénicos por sus potenciales usos antitumorales y antivirales. 

 

Tabla 3: comparación de los usos tradicionales y modernos de hongos y líquenes
ÁmbitoHongosLíquenes
AlimentaciónNumerosas especies comestibles (Agaricus, Boletus, Tuber, Cantharellus). Levaduras para panificación y bebidas fermentadas. Cultivados o recolectados.Uso limitado y geográficamente circunscrito (ej. Umbilicaria en Japón, Cladonia en el norte de Europa como harina de emergencia). No comestibles para el hombre en la mayoría de los casos debido a los ácidos amargos.
Medicina tradicional y modernaFuente histórica de antibióticos (penicilina). Hongos inmunoestimulantes y adaptógenos (Lentinula, Ganoderma, Cordyceps) usados en la medicina tradicional asiática y hoy estudiados por la farmacología.Usados en la medicina popular europea (Lobaria) y en otras culturas por sus propiedades astringentes y antisépticas. El ácido úsnico (de Usnea) es estudiado por sus propiedades antibacterianas, antivirales y antiprotozoarias. Utilizado en algunos colirios y cremas.
Tintura y colorantesUso limitado. Algunos hongos (ej. Hydnellum, Phaeolus) producen pigmentos usados para teñir lanas y fibras naturales, pero es una práctica de nicho.Uso histórico fundamental. El tornasol, un indicador de pH, se obtenía de líquenes del género Roccella. Muchos líquenes (ej. Ochrolechia, Parmelia) han sido usados para teñir lanas y tejidos en varias tonalidades de marrón, amarillo, violeta.
Cosmética y perfumeríaExtractos de hongos (ej. Ganoderma, Trametes) se añaden a cremas y lociones por sus propiedades antioxidantes e hidratantes.El ácido úsnico se emplea en dentífricos, desodorantes y productos para la higiene oral por sus propiedades antibacterianas naturales. Algunas esencias de líquenes (ej. Evernia, Pseudevernia) se usan como fijadores en perfumería.

Es importante no confundir los líquenes con las algas: el alga kombu (Saccharina japonica) es un alga marina parda, no un liquen. Su riqueza en yodo no tiene nada que ver con las propiedades antibióticas del ácido úsnico producido por los líquenes.

 

El papel de los líquenes en el ámbito ecológico

Los líquenes son los arquitectos primarios de los ecosistemas: como organismos pioneros colonizan primero las superficies rocosas desnudas. La acción mecánica de las hifas y la acción química de los ácidos liquénicos fragmentan la roca, iniciando la formación de una primera capa de suelo. Sus hifas atrapan polvos y detritos orgánicos transportados por el viento. A su muerte, la materia orgánica acumulada se descompone, enriqueciendo aún más el sustrato y creando las condiciones ideales para el establecimiento de musgos y, posteriormente, de plantas vasculares.

 

Los hongos entran en juego en fases diferentes y complementarias. Los hongos saprófitos descomponen la nueva hojarasca producida por las plantas, mientras que los hongos micorrícicos establecen simbiosis mutualistas con las raíces de las plantas recién instaladas, ayudándolas a absorber agua y nutrientes a cambio de azúcares.

 

Así, mientras los líquenes son los constructores del suelo, los hongos son los gestores y mantenedores que preservan su fertilidad y lo conectan con la vida vegetal. Un dato emblemático: en Antártida, donde el suelo orgánico es casi ausente, los líquenes representan la forma de vegetación dominante, mientras que los hongos superiores son extremadamente raros y limitados a microhábitats protegidos.

 

Proyectos de monitoreo ambiental con líquenes

El ISPRA (Instituto Superior para la Protección e Investigación Ambiental) y numerosas agencias regionales para la protección del medio ambiente (ARPA) utilizan desde hace décadas los líquenes como bioindicadores en protocolos estandarizados. El Índice de Biodiversidad Liquénica (IBL) es un parámetro oficial para evaluar la calidad del aire, en particular la contaminación por SO2 y compuestos nitrogenados. Los hongos (Macromicetos) son cada vez más utilizados como indicadores del estado de salud del suelo, de su grado de madurez, de la continuidad forestal y del impacto de prácticas silvícolas. La integración de los dos enfoques proporciona un cuadro diagnóstico completo y fiable del estado de un ecosistema. En el sitio oficial del ISPRA están disponibles manuales y directrices sobre el biomonitoraje con líquenes.

 

La naturaleza de los líquenes

Los modernos análisis filogenéticos basados en el ADN han revolucionado nuestra comprensión de los líquenes. El descubrimiento fundamental es que los hongos liquenizantes no constituyen un grupo monofilético (es decir, no descienden todos de un único ancestro común exclusivo). Por el contrario, la capacidad de entrar en simbiosis liquénica ha surgido de forma independiente y convergente en múltiples linajes dentro del reino de los hongos, sobre todo en los Ascomicetos. Algunos grupos de hongos no liquenizados (como los hongos micorrícicos o algunos saprófitos) son filogenéticamente más cercanos a ciertos líquenes de lo que lo son entre sí. Esto convierte a los líquenes en una adaptación evolutiva de extraordinario éxito, repetida varias veces a lo largo de la historia.

 

Estudios muy recientes, además, han revelado un nivel adicional de complejidad: muchos líquenes albergan en su interior también levaduras basidiomicetas (del género Cyphobasidium) que parecen desempeñar un papel clave en la formación y la estructura del talo, añadiendo un tercer simbionte fúngico a la ya compleja relación. Hoy a la pregunta ¿qué es un liquen? la respuesta más precisa es: una comunidad fúngica múltiple y estabilizada en simbiosis con un fotobionte (los hongos raramente forman consorcios tan complejos e integrados).

 

Los líquenes más antiguos 

Fósiles de organismos interpretados como antiguos líquenes se remontan a hace aproximadamente 400-415 millones de años (Devónico inferior), una época en la que las plantas vasculares aún estaban en sus inicios y la vida en tierra firme era escasa. Esto sugiere que los hongos se asociaron con algas muy precozmente, quizás desempeñando un papel crucial en facilitar la transición de la vida de las aguas a los continentes, contribuyendo a la formación de los primeros suelos. Hoy los líquenes están presentes en todos los continentes, desde el ecuador hasta las regiones polares, y en Antártida representan la forma de vida vegetal dominante, junto con pocas especies de musgos y algas. 

 

Guía práctica de reconocimiento 

Para el recolector de hongos, durante las excursiones por los bosques, es común toparse con vistosas excrecencias coloreadas sobre troncos, ramas y rocas. Los líquenes pueden ser gris-verdes (el color más común), amarillo-naranja brillante (Xanthoria), amarillo-verdes (Rhizocarpon), pardos, negros, blanquecinos. Los hongos, en cambio, presentan a menudo sombreros y pies bien distintos, con coloraciones que van del blanco al negro, pasando por todas las tonalidades de marrón, rojo, amarillo y violeta.

 

Sin embargo, puede haber algunas especies que puedan llevar a confusión y a las que hay que prestar atención: algunos hongos gelatinosos (como las Exidia o las Auricularia) pueden parecer masas informes sobre madera, pero su consistencia blanda y su aparición tras la lluvia las distinguen.

 

El color de los líquenes depende de la especie y de la presencia de ácidos liquénicos específicos que también actúan como pigmentos protectores. Por ejemplo, el común liquen amarillo de los muros (Xanthoria parietina) debe su color a la parietina, un pigmento que lo protege del exceso de luz en ambientes abiertos.

 

Mapa simplificado para distinguir liquen y hongo

  • ¿La estructura es perenne y visible todo el año, incluso en invierno? Muy probablemente sea un liquen.
  • ¿Crece sobre roca desnuda, corteza viva, o suelo extremadamente pobre? Muy probablemente sea un liquen.
  • ¿Tras una lluvia aparece un cuerpo fructífero con pie y sombrero (o formas similares) que luego desaparece? Es un hongo.
  • Si se rasca delicadamente, ¿deja una traza coloreada y una capa subyacente (médula) bien visible? Es un liquen, probablemente de tipo crustáceo.
  • ¿Tiene un aspecto coralino, ramificado, adherido al sustrato en un solo punto (como un minúsculo arbusto)? Es un liquen fruticuloso.
  • ¿Está aplanado como una hoja, levantable en los bordes, con una superficie superior y una inferior distintas?  Es un liquen folioso.

Para quien busca un soporte visual y desea comparar imágenes de líquenes de diferentes especies, el sitio Acta Plantarum ofrece un atlas fotográfico completo y claves de determinación interactivas.

 

Simbiosis, parasitismo y redes tróficas

Los hongos mantienen una variedad de relaciones tróficas con otros organismos: son saprótrofos (se alimentan de materia muerta), parásitos (de plantas, animales u otros hongos) o mutualistas (micorrizas), mientras que los líquenes representan un caso de mutualismo obligado para el hongo.

 

Pero los líquenes mismos pueden convertirse en fuente de nutrición: existen los hongos liquenícolas, hongos que comen líquenes. Pero hay otros que se alimentan de líquenes: además de los icónicos renos y caribúes, muchos pequeños invertebrados (ácaros, colémbolos, larvas de insectos, caracoles y babosas) se alimentan de talos liquénicos. Existen además diversas especies de aves, que los utilizan no solo como material de construcción para los nidos (aprovechando sus propiedades antibacterianas y de camuflaje) sino a veces también como alimento.

 

Los hongos, por su parte, están en la base de redes alimentarias igualmente complejas: las larvas de muchos insectos (como los mosquitos de los hongos) se desarrollan en los cuerpos fructíferos, y numerosos mamíferos (jabalíes, ardillas, ciervos) los consumen con voracidad. En síntesis, tanto hongos como líquenes son nodos cruciales en las redes tróficas, contribuyendo de manera determinante al flujo de energía y al ciclo de la materia en los ecosistemas.

 

Biomasa liquénica y fúngica comparada

Para comprender la importancia cuantitativa de estos organismos, bastan algunos datos. En los bosques boreales de coníferas (como la taiga), la biomasa de los líquenes epífitos (los que crecen sobre ramas y troncos) puede alcanzar valores sorprendentes, de 5 a 10 toneladas por hectárea en bosques maduros ricos en Usnea y Alectoria. La biomasa fúngica total (principalmente el micelio oculto en el suelo y en la madera) es aún más imponente, pudiendo superar las 15 toneladas por hectárea.

 

Ambos, por tanto, representan un reservorio de carbono nada despreciable. Los líquenes con cianobacterias, además, contribuyen de manera significativa al aporte de nitrógeno en los ecosistemas, con tasas de fijación que varían de 1 a 10 kg de nitrógeno por hectárea al año, un aporte fundamental en ambientes oligotróficos (pobres en nutrientes).

 

Líquenes y hongos: un mundo hecho de entrelazamientos y simbiosis

Hoy hemos descubierto que hongos y líquenes comparten el micobionte, pero que los líquenes representan una etapa evolutiva superior gracias a una simbiosis obligada y exitosa con organismos fotosintéticos. Si los hongos son los ingenieros invisibles del suelo, los grandes descomponedores y los conectores silenciosos de las plantas a través de las micorrizas, los líquenes son los audaces pioneros, los constructores de suelo, los colonizadores de los ambientes más extremos.

 

Ambos son pilares fundamentales para la salud y el funcionamiento del planeta: un tronco ricamente colonizado por líquenes foliosos es una señal de aire limpio y de un ecosistema forestal en buena salud, y por tanto un entorno potencialmente propicio para el crecimiento de hongos apreciados. Lejos de ser simples "plantas inferiores", los líquenes son organismos complejos que nos enseñan una lección fundamental de cooperación y resiliencia.

 

Y para quien aún se preguntara para qué sirven los líquenes en nuestra vida cotidiana, la respuesta es articulada: nos regalan aire más limpio, crean el suelo que cultivamos, nutren la fauna silvestre y nos ofrecen moléculas únicas con potenciales aplicaciones médicas. Los hongos, por su parte, nos nutren, nos curan y sostienen los bosques que amamos.

 

Juntos, hongos y líquenes tejen la compleja y maravillosa red de la vida en la Tierra.

 

 

 

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