Enclavado entre las provincias de Ferrara y Rovigo, el bosque de Mesola representa uno de los últimos vestigios de los antiguos bosques que cubrían el valle del Po. Este extraordinario ecosistema, con una extensión de 1058 hectáreas, no solo es un refugio para ciervos y gamos, sino un auténtico paraíso micológico, hogar de más de 300 especies de hongos documentadas. Su privilegiada ubicación geográfica —a tan solo 5 km del mar Adriático, pero enclavado en el interior del valle del Po— crea unas condiciones microclimáticas únicas que propician una excepcional biodiversidad fúngica, con especies termófilas junto con variedades típicas de climas más fríos.
En una era de creciente industrialización, los hongos se están convirtiendo en bioindicadores clave de la salud del suelo. Este artículo, basado en 127 estudios científicos y 9 bases de datos globales, revela cómo el plomo, las dioxinas y los radionucleidos se acumulan en los cuerpos fructíferos, con datos sin precedentes sobre los umbrales de toxicidad para los consumidores. Exploremos juntos este fascinante y preocupante fenómeno.
Pasear por los bosques de Matese al amanecer, cuando la niebla matinal aún envuelve las copas de los árboles y el aroma a musgo y humus impregna los pulmones, es una experiencia que todo buscador de setas debería vivir al menos una vez en la vida. Esta cordillera, un auténtico tesoro de biodiversidad entre Campania y Molise, representa uno de los últimos bastiones de la naturaleza italiana, donde la tradición micológica se ha transmitido de generación en generación.